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La cara oculta de la vivisección

12 de Noviembre de 2014

Una cruel e innecesaria realidad
Se estima que anualmente se sacrifican cada año en nombre de la ciencia alrededor de 400 millones de animales para someterlos a las torturas más impensables e inhumanas, y eso contando que la cifra ha ido disminuyendo en los últimos 25 años.

Para empezar, y antes de nada, hay que dejar claro que la experimentación animal constituye un claro y evidente error metodológico, ya que no se puede extrapolar los resultados obtenidos en un ser vivo a ningún otro, incluso a veces ni de la misma especie. Alimentos que son tóxicos para el hombre, sirven de alimento a otras especies; medicamentos que utilizamos nosotros a diario, matan a otras especies animales. Así, los experimentos realizados en, por ejemplo, un perro, no pueden ser válidos para una tortuga, un asno, un delfín, una gallina ni para el Hombre. Esto es válido para los experimentos en cosmética, en investigación militar, en la industria química, en la farmacéutica, etc. Pero claro, si los científicos los hacen, será que es beneficioso y así nos quedamos con las conciencias tranquilas. Por cierto, que los términos beneficioso, necesario o incluso razonable no están bien definidos cuando de vivisección se habla. Y la palabra vivisección (seccionar en vivo) tampoco está muy bien vista por los defensores de éstas cruentas prácticas.

La American Medical Association (AMA) publicó en 1989 una lista de directrices internacionales con el objetivo de descalificar y neutralizar el movimiento antiviviseccionista, de la que extractamos algunas significativas palabras: “A fin de vencer al movimiento para los derechos de los animales hay que empezar a suprimir las diferentes capas de apoyo, aislar a los extremistas del gran público y reducir el número de sus simpatizantes”. “Identificar a los defensores de los animales como siendo contrarios al progreso científico y médico”. “Desarrollar procedimientos para responder al abuso potencial de animales de laboratorio con el fin de que el público confíe en los investigadores”. “Desarrollar una fundación para la salud de los animales de laboratorio con el fin de alejar estos fondos de las sociedades protectoras de animales y recuperar fondos para apoyar la investigación crítica en los animales de compañía y en los animales de laboratorio”.

Así las cosas, Milly Scharmanzoli, en su Le veau d’or dice: “Los antiviviseccionistas son objeto de campañas difamatorias destinadas a restarles cualquier credibilidad y aislarles. Así es como la industria químico-farmacéutica protege sus intereses.”

MEDICINA, FARMACEUTICA, Y ANIMALES

Los expertos cirujanos, desde luego no han aprendido su profesión experimentando con animales. Por ejemplo, la composición y disposición de los órganos es diferente en los animales que en el ser humano, así como también lo son los diferentes grados de resistencia de los tejidos y las reacciones postoperatorias son también dispares. Las condiciones psicológicas del paciente después de una operación son en ocasiones decisivas para su vida o muerte.

Los transplantes de órganos, tras años de experimentación con animales, fueron un tremendo fracaso en sus comienzos (los transplantes de riñón fueron de los más exitosos y aún así sólo tuvieron apenas un 2% de éxito). Si ahora los transplantes de órganos tienen un porcentaje de éxito mucho mayor no es gracias a la experimentación con animales sino a la aplicación de técnicas de investigación que no necesitan el empleo de animales, como la anatomía y las autopsias de cadáveres humanos. Tampoco la inmunología en el ser humano tiene nada que ver con las reacciones de los animales. La Humanidad tendría que haber renunciado a muchos descubrimientos farmacéuticos si hubiera empezado a experimentar las nuevas sustancias con animales: así, la Aspirina por ejemplo, provoca el nacimiento de ratas focomélicas y los gatos no la toleran, mientras que es inocua para la especie humana. Otro de los muchos ejemplos lo tenemos en la Penicilina, mortal para las cobayas.

Asimismo, la experimentación con animales para el desarrollo de medicamentos, a causado al extrapolarlos al Hombre por no producir efectos negativos en aquellos, entre otros: 12.000 víctimas de la talidomida, 30.000 víctimas del clioquinol, 10.000 víctimas de la fenilbutazona y decenas de miles del phenacetinum, de la estreptomicina, del aminofenazol, del cloranfenicol, del opreno, de la reserpina, del stalión, del eraldin, del flosinto, primacor, isuproterenol, etc.

La experimentación animal también retrasó más de doscientos años las transfusiones de sangre. Y los enfermos de corazón seguramente no saben que han esperado diez años más de la cuenta para poder beneficiarse de la Digitalina, pues fue declarada tóxica en 1911 debido a los experimentos efectuados en animales. Lo mismo ocurre con el cloroformo, utilizado tardíamente en las personas porque para los perros es terriblemente tóxico.

Aparte de que, como hemos dicho, no se puede comparar el cuerpo de un ser humano con el de un animal (en general el de un animal de una especie con el de otra) y que cada organismo reacciona de forma diferente según sus condiciones físicas, las enfermedades producidas en un laboratorio a los animales son provocadas y por lo tanto, artificiales, difiriendo de las producidas en la realidad: si se indaga sobre una enfermedad manipulada, se obtienen resultados manipulados. Por otro lado, el estrés y la angustia a los que están sometidos los animales para experimentación son tremendos, lo que indefectiblemente altera las reacciones. Diremos pues, que el anti-viviseccionismo científico no solamente aspira a la protección de los animales, sino, sobretodo, a la protección de las personas.

Como dato, diremos que todas las enfermedades por las que la investigación médica y farmacéutica ha sacrificado mayor número de animales, han aumentado. Un incremento del 300% en muertes por enfermedades cardiovasculares, un 700% en las muertes por cáncer de próstata, o un 10.200 (¡sí, diez mil doscientos por ciento!) en aumento de artrosis, por ejemplo, lo confirma. Se puede afirmar, por ende, que enfermedad y mortalidad en el ser humano aumentan en proporción directa al uso de animales en la investigación. Otro ejemplo lo tenemos en los medicamentos basados en el clioquinol, que combatían en animales la diarrea y las enfermedades intestinales y que en humanos causó 3.000 muertes y decenas de miles de casos de ceguera y parálisis.

Según el profesor Ferdinand Hoff, ex_director de Clínicas Universitarias de Würzburg y Graz y del Hospital de Aquisgrana, el 60% de todas las enfermedades se debe al empleo de medicamentos desarrollados y probados en animales. La periodista Milly Schär-Manzoli también se muestra tajante: “La historia de la medicina experimental es una larga serie de estafas, de enormes errores camuflados como éxitos, de descubrimientos hechos con métodos que nunca han necesitado animales y que son oficialmente atribuidos a la vivisección, de falsas glorias y vergonzosas mentiras”.

El Test de Draize (que debe el nombre a su inventor, John Draize) se utiliza para probar las sustancias (generalmente cosméticos) en los ojos de los conejos. Existe una variante de éste test, aplicada en la piel, que tras ser afeitada y despegada hasta dejarla en carne viva, se le echa la sustancia.

Existen muchas técnicas para no recurrir a la experimentación animal: cultivos de células y tejidos humanos (que ya la Organización Mundial de la Salud aprobara para reemplazar el uso de ratones hace casi 25 años), eytex y skintex, cromatografía de gas, espectometría de masa, análisis con predicciones hechas con modelos matemáticos, informáticos, cibernéticos, espectrofluorómetro, farmacología cuántica, LAPS, etc. y por supuesto, medios audiovisuales y bases de datos para evitar experimentos repetitivos e innecesarios. Pero, entonces, ¿por qué se sigue realizando?

UN OSCURO NEGOCIO

Cada año, 500 medicamentos con los cuales se había experimentado en animales, son retirados del mercado por sus efectos secundarios en los Humanos o su poca fiabilidad.

Cuando se pretende lanzar un producto nuevo, muchos países exigen que haya sido previamente experimentado con animales. En ocasiones, si un producto es retirado por causar daños a seres humanos “no previstos” en los experimentos, puede ser retirado del mercado. Y en numerosas ocasiones, la empresa vuelve a repetir las pruebas con animales para poder sacar legalmente el producto de nuevo pero con otro nombre.

A veces se ha constatado la manipulación de los resultados de las pruebas con animales por parte de las industrias farmacéutica y cosmética. Para evitar esto y cuidarse de las condiciones de los animales, existen inspectores que por número, y haciendo cuentas, en algunos países pueden visitar cada laboratorio una vez cada cuatro años (¡menudo control!). Y aunque parezca increíble, se ha demostrado en repetidas ocasiones que algunos de ellos son vivisectores.

La experimentación animal mueve miles de millones cada año, y en ella se ven involucrados desde las compañías dedicadas a criar (o a malcriar mejor dicho) animales para ello hasta los “científicos” que experimentan, pasando, por ejemplo, por empresas dedicadas a la fabricación de los dispositivos de tortura o compañías aéreas importantes que colaboran en los envíos.

En la industria química se evita usar los métodos sustitutivos que existen, mientras estimula las financiaciones para descubrir nuevos métodos sustitutivos que, por principios, jamás serán empleados. Con esta táctica privan de subvenciones a los protectores de los animales.

Además, se habla de métodos “alternativos” y no “sustitutivos”, cuando algo “alterno” no significa ningún abandono de nada.

Vernon Coleman, en su por qué debe de cesar el genocidio de animales dijo: “En un mundo futuro y más avanzado, se contemplará la vivisección como una de las prácticas más obscenas e inexplicables de nuestra era; es nuestro equivalente a la esclavitud y al cruel colonialismo, y aquéllos que rehusen condenarla abiertamente serán tan culpables como los mismos vivisectores a los ojos de las generaciones futuras”.

Y por supuesto, no lo olvidemos, cuando pagamos nuestros impuestos, estamos pagando experimentos con animales. Los vivisectores los llaman “animales de laboratorio”, pero en zoología no existe esa especie; es otra de las falacias inventadas por los vivisectores.

No quiero acabar sin decir que solamente el 10% de las investigaciones en todo el mundo en animales se dedican a la sanidad. El resto se lo reparten casi todo entre la cosmetología y la industria armamentística (un 60%).

En nuestra lucha contra la vivisección es importante reconocer claramente a nuestros enemigos: la falta de información del público en general, el silencio de los medios de comunicación, la tolerancia de los gobiernos, la indiferencia de los ciudadanos... y los grandes poderes financieros de los laboratorios químicos y farmacéuticos.

Si los animales un día vuelven a tener confianza en los hombres, el hombre volverá a tener confianza en sí mismo.

Texto: Carlos Gutiérrez Tutor

CÓMO ESTÁ EL ASUNTO

- 1986: se adopta el Acuerdo del Consejo de Europa para la Protección de Animales Vertebrados Utilizados con Fines Experimentales y Otros Fines Científicos/ Aprobación de la Directiva Europea 86/609/CEE sobre la armonización de las leyes, regulaciones y provisiones administrativas de los Estados Miembros respecto a ¿dicho acuerdo?

- 1992: la Comisión Europea adopta el Quinto Programa de Acción Medioambiental, que incluye el objetivo de reducir en un 50% para el año 2000 la cifra de experimentos con animales (aunque no dice cómo) que incluía la creación del Centro Europeo para la Validación de Métodos Alternativos (ECVAM), aunque los Estados Miembros parecen haber olvidado su compromiso.

- 2002: el Parlamento Europeo aprueba la prohibición de comercializar productos cosméticos en cuyo desarrollo se haya experimentado con animales, aunque no comenzará a aplicarse hasta dentro de cinco años.

En España la vivisección comienza legalmente en el año 1950, cuando se funda en el Centro de Investigaciones Biológicas el "servicio de animales de experimentación", aunque sabemos que ya en los años treinta se realizaban transplantes de cabezas en perros vivos en hospitales públicos de Madrid. Actualmente se estima que doscientos mil animales mueren cada año en España debido a la vivisección.

De los animales utilizados para experimentación en Europa, el 60% es destinado a pruebas de cosmética, el 30% a pruebas militares y un 10% para sanidad.

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