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La avicultura intensiva: ¿Cría o tortura?

12 de Noviembre de 2014

Un pollo de granja intensiva alcanza hoy su peso de sacrificio en 41 días, mientras que uno de granja en libertad necesita más del doble de tiempo. Ese acelerón es fruto de la selección genética, pero también de unas condiciones de vida que violan su fisiología.

El animal que llega a las pollerías y supermercados ha padecido todo tipo de sufrimientos que agotan su organismo. Viven hacinados noche y día con luz artificial, se le corta el pico con una navaja al rojo vivo, en su alimentación entran grasas recicladas de frituras y transformadores y maíz transgénico, padecen los efectos del amoniaco que genera la descomposición de sus heces, las extremidades se les deforman por la rapidez del proceso de crecimiento, el corazón les revienta en muchos casos, sufren ataques hepáticos y fallos renales y si han sobrevivido a todo eso (en la UE mueren cada día 500.000 aves por las condiciones de vida) son introducidos en un estanque eléctrico, que sólo les aturde porque una descarga más fuerte puede romperles los huesos y dejarlo no aptos para el consumo... Después se les da un corte en la garganta para que se desangren...

Sólo sobreviven a todo esto por el abuso de antibióticos y otras sustancias terapéuticas. En España se consumen 17 kilos de carne de pollo por habitante y año.

DEL USO DE ANTIBIÓTICOS A LOS POLLOS TRANSGÉNICOS

El uso de antibióticos en granjas está limitado legalmente a tratamientos concretos de enfermedades. Pero su uso es generalizado. ¿La causa? Las condiciones de vida de los animales, que quebrantan su etología y favorecen la propagación de infecciones y otras enfermedades. En una granja avícola, por ejemplo, puede haber hasta 500.000 aves.

Los antibióticos empezaron utilizándose para combatir infecciones puntuales, pero pronto se descubrió que en los animales sanos favorecían el crecimiento y mejoraban su aspecto (la energía y los nutrientes ingeridos no se pierden combatiendo enfermedades). Por eso empezaron a mezclarse con el pienso y el agua y a darse, en dosis subterapéuticas, a todos los animales.
Es una práctica prohibida porque favorece la aparición de gérmenes hiperresistentes que están minando las capacidades curativas de los antibióticos en humanos. Pero como se sigue produciendo con la excusa terapéutica, la UE prohibirá a partir del 2005 mezclar antibióticos con la alimentación de los animales. Pero la normativa europea autoriza coccidiostáticos e histomostáticos hasta el 2008 en la producción avícola. El resultado es que se abusa de los antibióticos y sus efectos se prolongarán en el tiempo.

·Alteran el organismo: los residuos de antibióticos actúan sobre la flora intestinal: modifican su composición y favorecen el desarrollo de cepas bacterianas resistentes.

·Introducen tóxicos en el organismo: antibióticos como nitrofuranos y cloranfenicol son tóxicos incluso en pequeñas concentraciones. La legislación europea prohíbe su uso, pero se siguen detectando en Europa procedentes de países donde no están prohibidos.

·Producen daños ecológicos: una parte de los antibióticos usados es evacuada en forma de heces y orina. Cuando estas sustancias llegan a la tierra y aguas destruyen microorganismos que son necesarios para el crecimiento de algunas plantas.

·Alternativa a los antibióticos. En las aves se requiere mejorar la absorción de nutrientes y la funcionalidad del intestino, porque se considera que la elevada ingestión de alimentos en un breve plazo de tiempo produce alcalinización y desequilibrios digestivos que provocan la proliferación de bacterias.

·Y ahora, pollos transgénicos. Dos empresas norteamericanas quieren crear pollos transgénicos resistentes a la coccidiosis (enfermedad parasitaria de las aves) y a las bacterias de Salmonella y Campylobacter... Todo con tal de no cambiar la raíz del problema: las condiciones de vida de los animales y el modelo dietético dominante, basado en el abuso de las proteínas animales.

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