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¿Donde estan los patos del parque?

18 de Febrero de 2026

Efectivamente como dice nuestro amigo Santi Bada no sólo han creado un espacio totalmente estudiado para que allí no puedan vivir ni anidar patos, si no que además nos mienten en la cara cuando tenemos testigos directos que vieron cómo estuvo allí Unidad "Verde" una mañana capturando a todos los patos con las redes, metidos en transportines y se los llevaron. Cuando se preguntó por ellos al Ayuntamiento de Zaragoza mintió diciendo que habían ido a una granja escuela a los que llamamos después y nos negaron que allí hubiera llegado ningún pato.
Mentira tras mentira, sumada por destrucción es lo que recibimos constantemente de la alcaldesa Natalia Chueca que no pierde su sonrisa (asesina de inocentes). #ZaragozaNoSeVende
 
 
El Periódico de Aragón publica un artículo en el que el Ayuntamiento de Zaragoza responde, más bien se burla, de la campaña de recogida de firmas que algunas asociaciones han iniciado para que los patos vuelvan al Jardín Botánico del Parque Grande José Antonio Labordeta.
Dicen desde el Ayuntamiento de Zaragoza que nadie ha echado a los patos, que “se fueron porque quisieron” (se los llevaron cuando empezaron las obras) y que no han vuelto porque no les ha dado la gana.
Eso no es solo falso. Es profundamente insultante para la inteligencia de la ciudadanía.
El estanque del Jardín Botánico del Parque Grande era un hábitat.
Tenía agua tranquila, profundidad adecuada, vegetación, refugios, isletas, orillas vivas. Tenía vida.
Allí vivían patos. Allí aprendían los niños con sus padres y abuelos algo tan básico como que compartimos la ciudad con otros seres vivos.
Lo que hay ahora no es un estanque.
Es una fuente ornamental. Un bodrio de hormigón con chorros inútiles, sin refugio, sin orillas, sin vegetación, sin calma, sin condiciones mínimas para que un ave acuática pueda vivir.
Un decorado.
Afirmar que los patos “se fueron porque quisieron” es como arrasar un bosque donde vivían corzos , plantar dos árboles de adorno y decir después que los corzos se marcharon por capricho y que no vuelven porque no quieren. No se fueron porque quisieron.
Se fueron porque les destruyeron el lugar donde podían vivir.
Claro que algún pato puede pasar por allí un rato. Igual que un pájaro puede posarse en una farola. Pero no vive allí.
Y eso no es casualidad: está diseñado así.
La fuente se ha hecho precisamente para que no sea un hábitat.
Decir ahora que “nadie impide que vuelvan” es una burla.
Nadie impide que vuelvan… porque ya se ha impedido antes, eliminando todo lo que hacía posible su presencia.
Esto no es ignorancia técnica.
Esto es una forma de entender la ciudad donde la vida molesta, donde los animales sobran y donde la naturaleza solo es aceptable si no se mueve, no ensucia y no existe de verdad.
Que no nos tomen por imbéciles. No cuela.
No cuela para quien haya visto el antes y el después.
No cuela para quien sepa distinguir entre un ecosistema y un bodrio decorativo urbano.
Y sabemos también cuándo una obra “verde” no es más que una operación de maquillaje para ocultar una pérdida irreparable.
No se han ido los patos.
Los han echado.

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