Dicen desde el Ayuntamiento de Zaragoza que nadie ha echado a los patos, que “se fueron porque quisieron” (se los llevaron cuando empezaron las obras) y que no han vuelto porque no les ha dado la gana.
Eso no es solo falso. Es profundamente insultante para la inteligencia de la ciudadanía.
El estanque del Jardín Botánico del Parque Grande era un hábitat.
Tenía agua tranquila, profundidad adecuada, vegetación, refugios, isletas, orillas vivas. Tenía vida.
Allí vivían patos. Allí aprendían los niños con sus padres y abuelos algo tan básico como que compartimos la ciudad con otros seres vivos.
Lo que hay ahora no es un estanque.
Es una fuente ornamental. Un bodrio de hormigón con chorros inútiles, sin refugio, sin orillas, sin vegetación, sin calma, sin condiciones mínimas para que un ave acuática pueda vivir.
Un decorado.
Afirmar que los patos “se fueron porque quisieron” es como arrasar un bosque donde vivían corzos , plantar dos árboles de adorno y decir después que los corzos se marcharon por capricho y que no vuelven porque no quieren. No se fueron porque quisieron.
Se fueron porque les destruyeron el lugar donde podían vivir.
Claro que algún pato puede pasar por allí un rato. Igual que un pájaro puede posarse en una farola. Pero no vive allí.
Y eso no es casualidad: está diseñado así.
La fuente se ha hecho precisamente para que no sea un hábitat.
Decir ahora que “nadie impide que vuelvan” es una burla.
Nadie impide que vuelvan… porque ya se ha impedido antes, eliminando todo lo que hacía posible su presencia.
Esto no es ignorancia técnica.
Esto es una forma de entender la ciudad donde la vida molesta, donde los animales sobran y donde la naturaleza solo es aceptable si no se mueve, no ensucia y no existe de verdad.
Que no nos tomen por imbéciles. No cuela.
No cuela para quien haya visto el antes y el después.
No cuela para quien sepa distinguir entre un ecosistema y un bodrio decorativo urbano.
Y sabemos también cuándo una obra “verde” no es más que una operación de maquillaje para ocultar una pérdida irreparable.
No se han ido los patos.
Los han echado.