El negocio de las focas ya no está en auge, pero Canadá se niega a dejar esta polémica y cruel caza.
La muerte se debe realizar directamente a la cabeza del animal con rifles de gran potencia, garrotes o un hakapik (un asta de madera con un gancho en la punta).
Sin embargo, la matanza es inhumana con casos de cazadores que ensartan a las crías en la cara o en los ojos o que disparan a las focas desde barcos en movimiento. Los cazadores generalmente tienen como objetivo a las crías debido a la suavidad de su pelaje.
"Muchos animales son abandonados y sufren en agonía, arrastrándose sobre su propia sangre sobre el hielo", afirma Rebecca Aldworth, directora ejecutiva de Humane Society International en Canadá.
El año pasado los cazadores mataron a unas 66.000 focas en Canadá pero la caza comercial también tiene lugar en Namibia y Groenlandia.
Desde Amnistía Animal España también nos oponemos y queremos mostrar nuestra repulsa hacia ésta práctica.